Gentes llegadas de países como Francia, Bélgica, Italia, Suiza y Alemania se despliegan por el territorio para compartir el evento juntos a alavesas y alaveses
Se hizo de noche. Duró poco, pero, por unos segundos, todo fue oscuridad. Y las sensaciones vividas durante ese lapso de tiempo no se pueden describir. De repente, la luz volvió. Lo hizo rápido y donde parecía que la noche había extendido su reino, la luz del atardecer se abrió paso. El eclipse había pasado. Ese instante del que se llevaba tanto tiempo hablando, para el que no había quedado libre ni un solo hueco en los establecimientos hoteleros de la provincia, que había atraído al territorio a tantas miles de personas llegadas de diferentes países y lugares de la península, ya era historia… de Álava.
La Luna se interpuso entre el Sol y la Tierra. Hacia las siete y media de la tarde, comenzó a percibirse cómo arrancaba el proceso, aunque en diferentes zonas del territorio, había gente haciendo tiempo desde bastante antes. Pasó, por ejemplo, en Olarizu, punto escogido por mucha gente para compartir este eclipse solar total.
Desde el mediodía, varias familias y cuadrillas acudieron a este lugar. Hubo que hacer frente al intenso calor que acompañó toda la jornada. Incluso algunos temores cuando a primeras horas de la tarde, varias nubes bajas surcaron el cielo de la capital alavesa, amenazando con estropear lo que tenía que venir después. Por fortuna no fue así.
La familia al completo espera el eclipse. Stuart MacDonald
Entre neveras, sillas plegables, termos… cada uno guardaba con tesón sus gafas especiales para el eclipse. De ellas también se habló en varios corrillos tras retirarse hace unos días diferentes marcas que ya estaban a la venta. Le pasó a Ibai, que pocas horas antes del anuncio, había adquirido uno de los modelos por Amazon y, al final, aunque recibió lo que había comprado, decidió no usarlas.
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“La verdad es que estamos un poco nerviosos por todo el jaleo que está habiendo sobre cómo ponerse las gafas y durante cuánto tiempo, porque algunos dicen que hay que mirar el eclipse 30 segundos y no un minuto”, comentaba una pareja que esperaba al eclipse desde la sombra que aportaban los muros de la Casa de la Dehesa.
La pareja espera al eclipse. Stuart MacDonald
Presencia internacional
En Laguardia, fueron muchas las personas que se reunieron en uno de sus miradores para compartir el momento, muchas de ellas móvil en mano para grabar vídeos y sacar fotografías del instante. De hecho, en diferentes localidades de Rioja Alavesa, la tarde fue de lo más concurrida. Pasó así en Baños de Ebro, con 83 segundos de oscuridad absoluta, así como en Elciego, Labastida, Lapuebla de Labarca, Oion y Lanciego, por ejemplo.
Eso sí, fuera allí, en Gasteiz, en la Cruz de Gorbeia, en Orbiso, en Bernedo, en… donde se repitió un mismo patrón. Justo en el momento del eclipse solar total, fueron muchos y muchas las que no pudieron reprimir el impulso de aplaudir.
Pasó así también en Olarizu, donde, al igual que en muchos de los puntos de Rioja Alavesa, se hablaba castellano y euskera, pero también francés, italiano, inglés… De hecho, la presencia de gente de distintos países sorprendió a muchos de los locales. Desde Alemania, por ejemplo, llegó una pareja norteamericana. “Hemos visto otro anteriormente en Estados Unidos. Un eclipse total es algo único”.
Una pareja de norteamericanos se prepara para su segundo eclipse. Stuart MacDonald
Desde Francia, Bélgica, Suiza, Italia, Alemania y otros países, fueron muchas de las personas que se reunieron en la zona alavesa donde mejor y durante más tiempo se iba a poder compartir el evento. De hecho, era muy fácil encontrarse en muchos de estos puntos a personas con cámaras fotográficas de alta calidad preparadas para captar cada instante. “Nosotros también venimos preparados con las gafas, pero, sobre todo, para la cámara venimos con los filtros necesarios”, apuntaban dos amigos.
Fotografía profesional para el eclipse. Stuart MacDonald
A Amurrio le pilló el eclipse en pleno inicio de sus fiestas. Así que fueron unos cuantos los que hicieron un pequeño paréntesis para detenerse a contemplar lo que estaba pasando. Igual que en Ribabellosa, donde el 18 de julio de 1860 se tomó la primera fotografía de un eclipse solar. 166 años después hubo quien quiso replicar aquel hecho histórico.
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Emociones
En torno a las ocho y media de la tarde, la oscuridad fue total y las emociones se dispararon, sobre todo entre quienes eran conscientes de que no volverán a vivir algo así. Pero también quienes siguen este tipo de fenómenos se mostraron entusiasmados. Los aplausos estuvieron presentes. Pero también un cierto silencio compartido al ser conscientes, profanos y entendidos, de lo histórico de esos pocos segundos.
Otra cosa fue volver a la normalidad. Donde más gente se había congregado, como pasó en Olarizu, volver a los coches y salir de la zona tuvo sus momentos de tensión entre algunos conductores. Más allá de estas circunstancias, lo cierto es que ese pequeño lapso de tiempo duró y durará en muchas conversaciones de quienes pudieron compartir este instante histórico.
