Tara For Women presta ayuda económica y social a mujeres con negocios en entornos rurales o despoblados
La brecha entre hombres y mujeres todavía es evidente. En algunos campos, como puede ser el laboral, es más notable aún. No solo por salario o condiciones, también a la hora de emprender y de conseguir sacar adelante emprendimientos dirigidos al completo por mujeres. Con esto en mente hace cinco años surgió Tara for Women, una fundación sin ánimo de lucro que busca empoderar a las mujeres empresarias con el conocimiento de que su éxito genera un impacto duradero en familias y comunidades.
Bill Saad, presidente de la fundación, tuvo esta iniciativa tras la muerte de su hija Tara: «Nuestra fundación nació en memoria de nuestra querida hija, Tara, que no pudo ver cumplidos sus sueños, especialmente el de construir su propio proyecto. Hoy, si estuviera con nosotros, estaría celebrando su 24 cumpleaños y la estaríamos ayudando a desplegar sus alas para que pudiera volar alto”.
Reducir la brecha
Dentro de los engranajes de este gran proyecto se encuentra Mary Cabezas, que forma parte desde los inicios. A lo largo de los años han ido poco a poco añadiendo un granito de arena a la causa y cada vez apoyan a más mujeres que valoran todas las herramientas que les ofrecen. “Creemos en la igualdad de hombres y mujeres y nos dimos cuenta que a nivel mundial todos los fondos de inversión invierten solamente el 2% en proyectos de mujeres. Entonces, nosotros con nuestro financiamiento lo que buscamos es disminuir un poco esa brecha”, indica.
Dentro de la fundación tienen varios proyectos, uno de los más singulares lleva poco tiempo en marcha y está pensado para ayudar a mujeres emprendedoras en el ámbito rural.
“Queríamos tener impacto con el programa, no es tanto el que genere en la emprendedora, sino que esa emprendedora escale o mejore su proyecto y ese proyecto genere empleo o le de valor al producto local o la emprendedora tenga forma de mantenerse y no se vaya del pueblo. Ese es el impacto que genera, el hecho de que una persona tenga una economía o forma de mantenerse en el pueblo”, asegura.
“Creemos en la igualdad de hombres y mujeres y nos dimos cuenta que a nivel mundial todos los fondos de inversión invierten solamente el 2% en proyectos de mujeres»
Asimismo, el año pasado decidieron realizar una prueba y contactar con diferentes mujeres para ver la situación real. Muchas de ellas se vieron en la situación de emprender cuando tras el Covid tuvieron problemas con su trabajo y se vieron con 40 años o más y sin ningún sustento para su familia.
Un negocio, un futuro
Rebeca Bartolomé es una de las 16 mujeres elegidas, el Diario ya tuvo hace unos meses el placer de hablar con ella sobre su pequeño negocio, el encaje de bolillos. Aunque imparte clases en propias y extraescolares en Vitoria, su ubicación está en Nanclares. Al no tener una sede central los cursos se mueven mucho por el boca a boca y por las redes sociales. Con la intención de mejorar estos aspectos y conseguir llamar la atención de más gente Rebeca Bartolomé envió su solicitud a la fundación.
“Queríamos tener impacto con el programa, no es tanto el que genere en la emprendedora, sino que esa emprendedora escale o mejore su proyecto y la emprendedora tenga forma de mantenerse y no se vaya del pueblo»
Respondió a las preguntas y puso en valor lo que aportaba su negocio a la sociedad y a su entorno rural. El proceso todavía sigue su curso y todavía no ha podido conocer de primera mano las herramientas que van a ofrecer para mejorar.
“Creo que ahora a finales de agosto tomaré contacto con mi mentora y veremos cómo atajar mi proceso. Yo creo que me va a venir bien porque me van a orientar la forma de vender mi producto en redes, cómo gestionar la web y cómo sacar ese producto digital y que llegue a la gente, que es lo que yo quiero al final”, indica. Todavía no se han puesto en marcha las herramientas y serán los siguientes meses cuando tanto el aporte económico-1.256 euros- como el social den sus frutos.
Bartolomé asegura, que aunque todavía no ha iniciado nada, el mero hecho de tener a alguien respaldando la anima a seguir adelante. El proceso completo dura 5 meses, en los cuales los mentores irán haciendo sugerencias de mejoras a los negocios y serán las propietarias quienes vayan cumpliendo las tareas. Asimismo, el dinero que se les reparta se destinará a aquellos pagos que más necesiten mes a mes, como la cuota de autónomos, por ejemplo.
“Creo que es algo súper valioso para una emprendedora que igual anda un poco perdida en esos temas, como yo, que la era digital no la entiendo muy bien, pero me va a venir muy bien para centrarme un poco en qué o en cómo vender de esa manera”.




