Aitor Valdecantos Martínez de Lecea es la quinta generación de una empresa que no falta en ninguna fiesta de Euskadi
Con más o menos tradición, hay un momento que todo el público que asiste a una fiesta popular espera. Ese en el que con la noche ya cerrada el cielo comienza a desprender colores, formas… a través de los fuegos artificiales. Y detrás de la mecha de muchos de ellos están los trabajadores de la única pirotecnia que produce sus propios explosivos en Euskadi: Pirotecnia Valecea.
Detrás de esta marca está una empresa bajo la batuta de la quinta generación familiar que encarna Aitor Valdecantos Martínez de Lecea, que un año más estará presente en Aste Nagusia con la exhibición de fuegos artificiales que realizará el sábado 29. Y será en un año especial para este negocio que cuenta con unos primeros escritos sellados “en 1876”; por lo que este año celebra 150 años de experiencia en el sector.
En este siglo y medio de recorrido, la empresa ha ido cambiando de ubicación hasta asentarse definitivamente en el municipio alavés de Berantevilla. “Comenzó en Ozaeta y de ahí a Gasteiz”, detalla el actual propietario quien subraya que hay una zona en la capital vasca conocida como el polvorín porque en ese punto de la ciudad se encontraba la pirotecnia. Sin embargo, un accidente en la fábrica que dejó varios fallecidos provocó la división familiar y cada uno de los hijos se decantó por un modelo de pirotecnia. “En mi rama se siguió la pirotecnia recreativa mientras que el hermano de mi bisabuelo continuó con la pirotecnia industrial”, explica Valdecantos Martínez de Lecea.
En ese momento recalaron en Eibar, donde se ubicaron poco tiempo, hasta volver a acercarse a Gasteiz, concretamente a Miranda de Ebro, localidad a la que llegaron en 1912. “Estuvieron allí hasta 1983 cuando se movieron a Berantevilla”, apunta el dueño sobre un espacio al que describe como “poco bonito” por las propias necesidades del negocio de espacios amplios donde poder ensayar y probar los fuegos que iluminan las noches.
Ese origen familiar está presente en el día a día de la fábrica. De hecho, la base de los colores se sigue manteniendo la fórmula que creó el abuelo de Aitor. “Es como la Coca-Cola y ha pasado de padres a hijos. Mi abuelo dormía con su libro de formulación y no se lo dejaba a nadie”, recuerda este hombre que reconoce que de esa manera se evitaba que esos cálculos propiciaran que otras personas creasen nuevas empresas del mismo ámbito. Esa joya hereditaria es la “oficial” fechada en 1910.
Diseño de la fábrica
En el recorrido por la Pirotecnia Valecea se observan innumerables casetas que tienen su propia función. Cada una cuenta con una numeración en la que se indica qué se fabrica y está diseñada para que, en caso de explosión, sólo afecte a ese espacio en concreto. «La onda expansiva no afectaría al resto de casetas», comenta el propietario.
Ese diseño del espacio permitió que hace dos años cuando se registró una explosión en la empresa no hubiera víctimas mortales. El propietario subraya que la “siniestralidad” en las pirotecnias es muy alta porque “no hay avisos” de que se vayan a generar explosiones y al ser un trabajo manual implica que son las personas las que están manipulando los fuegos. Un simple error puede costar muy caro a nivel personal.
Los principales cambios en este sector se han producido a nivel legislativo. “En 1998 hubo una modificación muy fuerte y tuvimos que adecuar las fábricas para que fueran más seguras”, señala Aitor Valdecantos Martínez de Lecea. En ese sentido pone como ejemplo las medidas que se tienen que establecer para que los fuegos artificiales viajen de un punto a otro. “A Gasteiz ha venido una empresa de Granada y no han podido parar ni a echar gasolina desde que salieron”.
La “cabezonería” del propietario de Valecea ha sido la clave para convertirse en la única empresa de Euskadi que continúa fabricando sus propios fuegos artificiales. El diseño se inicia en su ordenador y se trasmite a los trabajadores que crean esos elementos explosivos. Se preparan los fuegos, se programan y desde una “máster” se da al botón que enciende la mecha. Pero todo ello manteniendo la herencia recibida. De hecho, la pólvora se continúa generando en el mismo tonel que lo hacía su tatarabuelo.
La Pirotecnia Valecea es la única de Euskadi que sigue produciendo sus propios fuegos. Natalia Zamora
Espectáculos
La cita de Bilbao pondrá el colofón a un año de celebraciones y asegura que lanzar los fuegos en Gasteiz y Donostia supone dar “el do de pecho” y para la capital guipuzcoana prepararon un evento temático guiado por canciones que marcaron las épocas de sus antecesores en la empresa. Un homenaje a los 150 años de experiencia generando ilusiones en la oscuridad.
La temporada alta “comienza en San Prudencio” y finaliza pasado el verano. “Lo más complicado es San Juan porque hay fuego en todos los pueblos”, subraya. “Por suerte”, este año no ha coincidido el final de la Semana Grande donostiarra con el inicio de Aste Nagusia. “Me habría tenido que dividir, jajaja. Soy el diseñador y el que controlo cómo están hechos los fuegos”, señala.
La incorporación de la música a los espectáculos pirotécnicos no es una medida reciente si no que, según el dueño de Valecea, “en mi casa había un disco de música para fuegos de los años 40”. Pero ahora la precisión es absoluta y se puede ajustar el disparo con el tono musical que suene de fondo, una labor que requiere de horas de trabajo. “Una vez fui a Braganza, en Portugal, a ver un evento piromusical en el que empezaron a lanzar los cohetes y una persona le dio el play a un equipo de música sin tener ningún acompasamiento con el disparo de los cohetes”, cuenta divertido este hombre afirmando que esa manera de actuar no es un espectáculo pirotécnico con música.
Para saber si unos fuegos artificiales son buenos o no, Aitor Valdecantos Martínez de Lecea desliza un truco: hay que fijarse en el agua y en las calvas de las personas. “Los pirotécnicos buscamos la pureza de los colores, que sean brillantes, que no pierdan el tono…”, cuenta este experto, que hará de jurado en el XXXIV Concurso Internacional de Fuegos Artificiales Villa de Bilbao. Para apreciar bien esos detalles aconseja mirar al agua y a las calvas porque la “potencia a los colores se le da a través del magnesio” pero este ingrediente tiende a irse al blanco por lo que si “estás creando un fuego en color rojo tienes que buscar el equilibrio perfecto”. El reflejo del agua y la iluminación que reciben las cabezas sin pelo son las claves para reconocer la belleza del fuego porque si se ve luz en las calvas es “un buen color”.
Certámenes internacionales
Una vez al año, a Aitor Valdecantos Martínez de Lecea le gusta participar en un concurso fuera de nuestras fronteras porque uno de los grandes impulsos lo recibió la empresa en 1904 cuando lograron una “absoluta proeza” en el certamen de fuegos artificiales de Turín, en Italia. “Fueron allí, hicieron el espectáculo y ganó nuestra pirotecnia. Fue tan sonado que el Ayuntamiento de Gasteiz pagó una comida popular de la que todavía se guardan registros de la factura”, relata.
Para el año que viene está preparando una visita muy especial que todavía no puede anunciar pero sí que en su bagaje está la participación en eventos en Courchevel, en Francia, o en Mónaco. “Es mi pequeño capricho”, admite el propietario de una empresa que año a año enciende la oscuridad en las grandes fiestas de Euskadi.




