Orgullo, tradición, fe y compromiso. Cuatro integrantes de la Cofradía de la Virgen Blanca explican cómo viven una tradición que se remonta al siglo XVII. Más de 400 años de devoción que sigue viva y es el foco de las fiestas de La Blanca
La cita es un día por la mañana en el Museo de los Faroles, la sede de la Cofradía de la Virgen Blanca, en pleno centro de Vitoria. Allí esperan cuatro cofrades que viven de manera distinta la devoción a la Virgen Blanca y la Procesión de los Faroles. DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA se sienta con ellos para hablar de significado que tiene para cada uno de ellos y cómo lo viven.
¿Cómo empezó su relación con la cofradía?
–Jesús: Hace unos 30 o 35 años. Me metió un compañero de trabajo que era el que llevaba el cuarto glorioso. Entonces empecé a llevar farol y, hace 5 años, me pasó la responsabilidad de llevar el cuarto glorioso. Ahora, suelo organizar quién tiene que llevar una cosa o quién tiene que llevar otra, según lo que cada uno pueda hacer.
–Ángel: Empecé en la cofradía cuando me jubilé. Porque soy agricultor, y ya me vine a vivir a Vitoria. Tenía amistad con Luis Tamayo, y él me invitó a venir. Dejé el campo y me vine. Hoy me encargo de matener el museo, los faroles y carrozas.
–Maxi: Julián López Sosoaga, de la pastelería, pertenecía a la cofradía. Era amigo nuestro. Al fallecer él, el farol se quedó libre. Entonces pensé “ese farol no se puede quedar en el almacén”. Me apunté de cofrade. La familia decidió que quería sacarlo uno de sus sobrinos, así que me puse en la lista de reservas. Así empecé yo a salir, poco a poco, hasta llegar a encargado del grupo.
–Íñigo: Mi abuela era cofrade, mis familiares han sido cofrades, y creo que es una cofradía que está muy unida a la ciudad. Si eres vitoriano tienes que ser cofrade de la Virgen Blanca. Para mí esto es tradición. De alguna forma estoy unido tanto a la historia de Vitoria como, ahora, con mi familia. Mantengo una tradición y defiendo el patrimonio que tenemos.
Maximiano Garcés, Iñigo Montoya, Jesús Ocio y Ángel Luis López de Arroyabe Pilar Barco
¿Qué se siente cuando sale en la procesión?
–J.: Siento orgullo por ser un representante. Y, luego, nervios antes de salir. No puede fallar nada ni nadie. Somos muchos y, a veces, surgen imprevistos y hay problemas de última hora. Y, luego, cuando todo sale bien, es una alegría inmensa. Pero sobre todo, mucho orgullo.
– A: Antes acompañaba a sacarla, pero me volvía antes porque hay que recoger e ir preparándolo todo. A lo primero igual me extrañaba un poco más, iba más alegre.
– M.: Mi sensación es que salgo acompañado de toda la familia. Salgo por todos los que no están. Acordándome de todos, mis padres, mis abuelos, la gente que conozco, por supuesto, mis amigos, gente que ha fallecido. Vamos todos juntos. Hay gente que va rezando, yo voy con mis pensamientos, y durante el camino puedes llegar a rezar.
– Í.: Siento mucho respeto. Y una emoción tremenda porque me siento totalmente unido a la energía de la ciudad. Cuando pasamos, la gente siempre muestra un tremendo respeto. Es una sensación que definiría como unidad o comunión, nos sentimos como arropados por toda la ciudad.
«Es arte, cultura, religión, y tradición. Tenemos un patrimonio que merece la pena conocer y apoyar»
Jesús Ocio
«Va toda la procesión con los faroles encendidos. Muchos están de acuerdo que lo más bonito es cuando llegan a San Miguel»
Ángel Luis López de Arroyabe
¿Cuál es su primer recuerdo de la procesión?
–J.: Cuando mis padres me sacaban a ver la procesión. No sé qué años tendría, pequeñito. Recuerdo que detrás, tanto de las carrozas como de los faroles, iban seminaristas. Tengo esa imagen grabada de los seminaristas detrás de los misterios.
–A: Pues igual el año de los 125 años. Sacaron un pañuelo nuevo con la enseña de 125, y también se hizo una misa especial en San Miguel.
–M.: Recuerdo venir con mis padres siendo yo muy pequeño, estar en la plaza, ver el txupinazo, estar con ellos dando vueltas, y luego mi padre dijo: vamos a quedarnos, que ay una procesión de los faroles”. Me quedé alucinado, tendría 6 o 7 años. Ver ese movimiento de luces, el camino que marcan todos los faroles y las carrozas, ese colorido en medio de la noche,…
–Í.: Tenía 7 años. Estaba en la calle Dato y recuerdo que vi pasar a la Virgen, y no podría expresar muy bien lo que fue. La vi tan guapa, tan bonita. Fui corriendo a casa de mi abuela para contarle que la había visto y que quería salir en esa procesión.
«En parte lo hacemos para que la gente vea y valore de verdad el patrimonio que tenemos»
Maximiliano Garcés
«Animo a la gente a venir a la procesión. Una vez que sientes la emoción de salir en ella, cambia algo en ti»
Íñigo Montoya
¿Qué significa para usted la Virgen Blanca?
–J.: Orgullo, y ese día, mucha emoción. Y siempre suelo pasar el día 5 a visitarla.
–A.: Es una devoción y una obligación. Soy religioso, pero también me encargo de mantener el Museo y de que todo esté impoluto.
–M.: Yo la tengo presente en muchas cosas. Yo he estado muy enfermo, he estado mal, y mi mujer solo tenía estampitas de la Virgen Blanca por todos lados. La tenemos muy presente en nuestros rezos y en nuestros pensamientos, y claro, es una presencia que te ayuda a llevar el día a día. Es un salvavidas. La Virgen Blanca me ha traído mucho.
–I.: El culto de la Virgen Blanca es primordial, porque esas son las fiestas de Vitoria. Si quitas a la cofradía de la Virgen Blanca, ¿en qué nos quedamos? En solo dar vueltas y dar vueltas. Eso es tradición, sí. Pero yo creo que la cultura y la historia son tan importantes cmo la tradición.




